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portada de Del verbo y la penumbra (1984)

Del verbo y la penumbra (1984)

Gratitud

A veces vine desde la piedra a ti.
Recorrí las regiones oscuras donde acechaba atento el desconsuelo y en ti lloré, deshabitado y solo, mi agonía.
Tú me fuiste asumiendo la tristeza, todo lo soportaste pacientemente, todo cuanto ofrecí en aquel cáliz que fue el oscuro sol de mi derrota.
Por eso es de justicia que ahora venga dispuesto a compartir contigo la esperanza, que en ti contemple todo con la mirada nueva de quien tiene certeza de la luz.
(Así hoy vengo y siento que cabe entre mis manos todo el mar.)

 

 

Página virgen

Nieve maternal horizonte barro sin forma o líquido o paloma. Senda sin huella aún perímetro del alba serena confidente de la radiografía de un corazón sonámbulo. Mármol desconocido del cincel ritmo del agua pañuelo sosegado al borde de la brisa manantial sin retorno hacia el torpe país de lo concreto testigo o sepultura de un vuelo desprendido en el instante del dolor o el gozo.

 

 

Memoria

Desde los laberintos, buscando el verbo, surge la memoria: rastro del tiempo que pasó, no alcanza a dar exacta forma a los recuerdos, sino que alrededor de su constancia propia, siluetas deformes la confunden, y niega la verdad de lo cambiante.

 

 

Metáfora

Fugaz visión del cosmos, instante donde la luz se torna claroscuro, túnel en donde el alba se confunde, y en donde la razón se descubre a sí misma en la ruta espiral del laberinto: allí donde la ciencia olvida la ecuación de su materia, la exactitud compleja de sus formas, y se transforma en agua que a su albedrío fluye en libertad para explicar el mundo.

 

 

Inspiración

1
A veces surges, fugaz constelación de lo que siento, desde las simas de lo ya olvidado, alzas tu serena presencia hasta mi altura y como siempre vuelves a perderte. Espejo de mi amor, el mundo, puntual, se transforma cuando llegas, y una constancia mágica de anhelos ocupa así la voz y la mirada.
2
Participo de ti, y en el banquete que exige el rito de tu inmolación, afirmo mi evidente torpeza, mi deseo tan distinto de sí, tan sorprendente, que hasta yo mismo ignoro su mitad.

 

 

Acto de amor

... Y sin embargo, a veces, la palabra se acerca desde el viento, surca los horizontes de la duda y nos llega sencilla, en su mayor pureza, desnuda y tan hermosa que tememos mancharla al acercarnos.
Es ella quien inicia la feliz aventura del poema; ella, la que se instala en la página virgen sin aviso, para así sorprendernos, y con ella gozar de la belleza de sus formas.

 

 


¿Quién me podrá explicar ese misterio del hombre ante el papel, desnudo, solo, en titánico duelo con la duda, en combate feroz con la palabra; qué forma, voz o sueño coloca al hombre solo ante la vida, lo desnuda de sí, de su materia, y lo abandona a su propia suerte; qué pócima secreta, acaso qué brebaje dulcísimo alguien hizo probar al hombre ese, que después de ingerirlo no hubo antídoto capaz de regresarlo a la cordura?

 

 

Consecuencia

Niego la luz porque la luz me ciega, y me afirmo en la duda de dudar: al fin, me reconozco en la espiral del hueco que me ocupa como ayer, como siempre, inmenso de vacío: contradicción de todos cuantos soy.

 

 

Fronteras

Del blanco al negro sólo un parpadeo:
tan sutil la distancia que niega la luz de los conceptos.

 

 

Viaje

El ojo que pregunta en la mirada se afirma en el camino, no aquel que alcanza el horizonte y desconoce el ángel de la luz.

 

 

Meditación final

Que no cierren las puertas de la luz la adulación, la farsa ni el boato que el mundo ofrece, ni el vértigo de ser por un instante el punto en que la piedra las aguas del estanque sueña:
vanitas vanitatum será todo si dejas al final de convivirte.